martes, 25 de octubre de 2016
Disculpen usías este procaz atrevimiento que supone alzar mi humilde voz ante tan insignes mentes y almas tan nobles como las de vuecencias.
No es mi intención plebeya enaltecer los ánimos de tan preclaros sabios, ni pretende mi misiva ofender a tan altos prohombres de las ciencias. Apenas un esbozo serán estas letras sencillas y sentidas que hoy manifiesto ante sus señorías. Pero me es preciso hacerlo pues el sonrojo que sufro ante sus opiniones me lleva a empuñar esta pluma tecnológica con brío, aunque también desde el más sincero respeto a su indiscutible saber.
Téngase presente que me avalan largos años de lucha denodada por mejorar la ESCUELA, la EDUCACIÓN, las AULAS… Sólo con esa larga experiencia docente me presento ante ustedes, señorías, para intentar llevar la aguja del diapasón hacia la media, que siempre fue medida de mesura y comedimiento. Harto mareada anda dicha aguja de un lado al otro del espectro.
Anda muy de moda en las redes discutir de todo, por todo y para todos, marcando en esos dilemas, (a veces convertidos en diatribas antes ya de empezar a discutir) que se está con uno, o se está contra uno. Sin grises, sin medias tintas, ni posibilidades intermedias. Y una de esas grandes discusiones viene a reflejar ese baile que antes indicaba de la aguja: Los deberes.
Nunca fui partidaria de mandar para casa trabajos excesivos al alumnado. Siempre he considerado que la mayor parte del aprendizaje de tipo académico debía de hacerse en el ámbito escolar. Sufrí, como cualquier madre, las tardes de mis hijos pegados a los libros y cuadernos de mil y una asignatura distintas, intentando acabar todos esos deberes antes de la cena. Algunos de esos deberes eran simplemente reincidir en cosas superfluas e innecesarias (si se hacen fuera de la escuela) como las copias o las cuentas (que cualquiera de la casa le puede hacer al niño). Nunca consideré oportuno mandar deberes por mandar, añadir y añadir más y más trabajo escolar para después de clase.
Sin embargo… Siempre he considerado imprescindible que el alumnado asuma unas responsabilidades adecuadas a su edad. Y entre esas responsabilidades está el anotar algún trabajo para casa, acordarse de hacerlo cuando llega, y acordarse de traerlo al día siguiente. No es trabajo para hacer con los padres, ni para que los padres o hermanos mayores se lo hagan. Es trabajo para que el niño/a se acostumbre a llevar y traer alguna cosa. Puede ser leer un cuento para luego contarlo al resto de compañeros. Puede ser averiguar los precios de algunos productos de uso cotidiano, para realizar una lista de la compra real y actualizada. Podría consistir en preparar un texto sobre algún tema, buscar fotos o dibujos para un mural de clase… Tantas y tantas cosas pueden mandarse para casa que no supongan una tarde infernal para nadie, pero que ayuden a que el alumnado se responsabilice de sus trabajos y de anotarlos y realizarlos… Tantas tareas variadas, entretenidas, divertidas incluso, pueden ofrecerse al alumnado para que vaya habituándose a tener alguna responsabilidad…
Y, como en todos los campos de la vida actual, andamos de lado a lado del campo: De una situación en la que los padres exigían que mandásemos deberes a los niños, cuantos más mejor, para tenerlos ocupados, porque no había más actividad que esa en las largas tardes de invierno; hemos pasado a que se dilucide en cualquier tertulia (pedagógica o no) si se han de mandar deberes o no, ganando en estos momentos el NO. Porque ahora ambos padres trabajan fuera de casa, los niños van a ballet, piano, equitación, ajedrez, danza, zumba, acordeón… Hacen programación de apps desde su más tierna infancia; pasan media vida con los abuelos, y otra media en su casa, trayendo y llevando carteras cargadas de libros y cuadernos de un lado para otro; dejándose aquí y acullá la mitad de las cosas; perdiendo libros, lápices y cuadernos en cualquiera de las mil actividades a las que están apuntados… Y, entonces es cuando, ah!, los deberes deben desaparecer. No es conveniente privar al niño/a de su infancia. Los deberes son nocivos, negativos, no se aconseja mandarlos…
Como ocurre en la mayoría de las cuestiones que en estos momentos del siglo XXI se plantean, se pasa de un extremo exagerado (mil trabajos diferentes de mil asignaturas distintas) al otro igualmente exagerado (nada de deberes escolares para casa)
Y, mientras, las mamás, abuelas o canguros, siguen llevando la mochila del niño hasta la puerta de la escuela, siguen recogiendo sus cuartos, ropas sucias, juguetes…; siguen cambiando de comida cuando al niño no le gusta la que hay… siguen educando perfectamente a sus hijos, hasta el punto de ser las madres las que se preocupan de saber qué deberes tienen o qué temas deben estudiar, y los estudian con ellos. Ahí está el error, por eso no quieren deberes para la casa. Porque, en realidad, los deberes, tal y como están desarrollando su labor, no son para los niños, son para las madres. Ahí está el problema.
Por eso, señorías insignes, mentes preclaras de esta sociedad, almas nobles que andan dilucidando tanto sobre los deberes para casa, permítanme, a riesgo de sonrojarme nuevamente, de ser llamada retrógrada y poco innovadora (a pesar de avalarme algunos trabajos que dicen lo contrario) permítanme, repito, que haga una llamada de atención sobre el asunto. No todo es blanco o negro. No todo es bueno o malo. No todo es sí o no.
Deberes en demasía, sin orden ni concierto, solo por el hecho de que en mi asignatura hay que mandar deberes. O, deberes para tener entretenidos a los niños porque no ven la televisión o no queremos que salgan a jugar a la calle. NO.
Nada de deberes para casa, todo se hace en el aula. (Y a pesar de todo se van y se vienen con los kilos de libros y cuadernos a la espalda) Porque creemos que todo puede hacerse dentro del aula, sea estudiar, memorizar, investigar… NO
Unas tareas sencillas, de investigación, lectura, preguntas, composición, estudio… que pueden realizarse en media hora a lo sumo, que permiten interaccionar con la familia, los amigos, el barrio… de las que ellos mismos deben responsabilizarse, anotar en su agenda, realizar ellos mismos, aunque sean interactivas… SÍ
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